jueves, 2 de diciembre de 2010

On BUS BLOG MOUNTED

III. El Suplantador

El suplantador se zambulle en su cápsula del tiempo rodante como el buzo en el arrecife de coral. Cada personaje, una pieza única e irrepetible en ese acuario imaginario, merece toda su atención tras su velo de cristal. Se mimetiza con su entorno y procede al asalto de la intimidad de extraños, simulando ensimismarse en su hilo musical artificial mientras se va posando en las vidas de sus víctimas.

En este viaje puso cerco visual a una pareja de jóvenes, demostrando una capacidad insólita para captar los focos de atracción más sugerentes de aquel zoo mecánico. Ella, rubia y rozando la veintena, destilaba una inconfundible pose universitaria. Su aspecto combinaba la informalidad de las prisas mañaneras con un desaliño cuidadosamente impostado. El producto final conseguía el efecto esperado: despertar el interés de las miradas ajenas. A su lado se situó él. Era mulato y quizá gozara de una recién estrenada mayoría de edad. Parecía ágil y compacto a la vez, y se movía como un puma enfundado en un corsé de caramelo acorralando sutilmente a su presa. El Suplantador quedó completamente abstraído de lo que sucedía en el perímetro restante. Su única obsesión era captar todos y cada uno de los movimientos del verdugo de ébano; un auténtico doctor en dialéctica. Ese hecho no pasó desapercibido para El Suplantador. No distraía la vista ni por un segundo de aquel implacable conquistador de azabache, que emulaba idénticos encantos que el Continente que le dio la vida. Cada palabra, cada mirada, cada envestida calculada y apenas perceptible eran almacenadas en la mente de El Suplantador. Aquel felino salvaje era el mejor socio de Cupido que jamás pudo contemplar a corta distancia.

Antes de que el Gran Hermano voyeur llegara al final de su trayecto, disfrutó de un privilegio por el que había suspirado durante todo el camino: que la pareja quebrara su destino antes que él y contemplar el resultado de la maniobra de acercamiento. Y así fue. La rubia de porcelana esquivó su condena –sólo por esta vez- y pudo hacerse un hueco a través del único resquicio por el que avistaba un rayo de luz, no sin antes ceder la primera gota de sangre al vampiro que la acechaba. Este, después de que Eros cerrara la carroza metálica, se relamía la comisura de los labios mientras acababa de anotar los últimos dígitos del número de teléfono que le facilitó la condenada, tras el último zarpazo. Un gesto que equivalía al pliego de intenciones del reo condenado a la pena capital, al que le conceden sus últimos deseos antes del irremediable desenlace. En ese instante, El Suplantador empezó a sentir una admiración enfermiza por aquel macho alfa. Su media sonrisa le delataba. Y es que la expresión de satisfacción del depredador le hizo saber que había presenciado una jugada maestra, sin fisuras. El Suplantador volvía a casa con una valiosa lección en el zurrón. En su mente sólo una obsesión: sentirse capaz de recrear lo aprendido y conseguir bocado.


[On BUS BLOG MOUNTED es una sección especial -microblog- dentro de esta bitácora que recoge retratos, relatos breves, descripciones y conversaciones inspirados en la observación de los personajes y las diferentes situaciones cotidianas que aquellos protagonizan durante mis trayectos en el bus urbano de Palma

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